¿Qué es más importante en el mundo del canto lírico y de las artes musicales en general, la interpretación o la técnica? Hace un tiempo no lo habría dudado un instante para responder que la técnica, pero con el paso de los años he ido valorando cada vez más la interpretación. No creo que por encima de la técnica, aunque tampoco muy por debajo. De hecho, no sería descabellado pensar en declarar un empate técnico.
El asunto, sin embargo, tiene sus matices, pues a la hora de valorar a un cantante, el público en general –ojo, el público en general– suele ser más receptivo a una buena interpretación y la valora más que una buena técnica. Esto sucede porque, en esencia, la interpretación llega directamente al corazón y a las emociones, mientras que la técnica requiere al menos de algún conocimiento para ser bien valorada.
También es cierto que una buena técnica puede beneficiar la interpretación, pero lo que sucede al final es que hay cantantes con muy buena técnica y muy mala interpretación que, aunque canten muy bien, no le llegan al público; en el otro extremo, hay cantantes con una técnica pobre o muy pobre, pero muy carismáticos, que el público recibe con mucho agrado. Hay ídolos, de hecho, que no lo son más que por su carisma, aunque canten terrible.
Y aclaro que si bien esto puede suceder en diferentes géneros, el contraste es más notorio en el mundo del canto lírico, en el que la técnica es fundamental, mientras que en otros géneros podría decirse que incluso resulta más atractivo para la audiencia el maltrato de la voz.
Debo decir, por ejemplo, que uno de mis cantantes preferidos por fuera del mundo lírico es Franco de Vita, de quien dudo que maneje una técnica depurada (con el perdón de sus admiradores), pero ¡qué manera de interpretar! Por herencia materna también me gusta mucho escuchar a Raphael, quien sí creo que tiene (o tenía, no estoy seguro) recursos técnicos interesantes, con una interpretación emotiva aunque a veces llevada al límite (para no decir «exagerada»). Y me gusta mucho cantar canciones mexicanas y boleros porque creo que se pueden interpretar de manera decorosa incluyendo algo del estilo lírico en ellos; en esos géneros, mi preferido es Jorge Negrete.
Interpretar no es caricaturizar
De regreso al mundo del canto lírico, para fortuna del público cada vez hay más cantantes que se destacan por su buena interpretación. Hace no mucho tiempo la escena estaba dominada por cantantes que podían cantar muy bien, aunque no transmitían mucho; pero ahora uno ve (y escucha, claro) cada vez más cantantes que son buenos intérpretes y que manejan una técnica al menos buena, y de ahí para arriba.
Recientemente me encontré este video de Asmik Grigorian, una soprano lituana cuya interpretación del aria ‘Un bel di’ de Madama Butterfly (de Giacomo Puccini) simplemente encanta, por no decir que enamora. Aunque sería exagerado decir que no hace falta entender o conocer la letra para saber lo que está diciendo, el manejo de la voz, así como su expresión corporal y facial sí permiten saber lo que está sintiendo mientras canta, sin caer en exageraciones caricaturescas.
En la pieza, la joven Cio-Cio San cuenta cómo se imagina que será su reencuentro con su amado Pinkerton, que hace ya varios años se alejó de ella con la promesa de que algún día volvería (aquí está la letra con la traducción).
Claro, como suele pasar con todo, en materia de interpretación también se pueden encontrar ejemplos del otro extremo, como lo es –a mi juicio– esta interpretación de ‘I dreamed a dream’, del musical Los miserables, a cargo de Caleb Hyles. A mi juicio –insisto– resulta tan exagerada la manera como intenta transmitir las emociones que incluso pierde valor estético, además por el hecho de que en algún momento empieza a cantar una octava arriba. Empieza bien, creo, pero a medida que llega al climax de la pieza, su interpretación se convierte en una caricatura… ¡a mi juicio!
Cómo beneficia la técnica vocal a la interpretación
Hay varias maneras en las que una buena técnica beneficia o sirve como base a una buena interpretación. Uno de los objetivos de la técnica vocal –así, resumido– es lograr la mejor emisión con el menor esfuerzo posible. Y la mejor emisión no solo se refiere al mayor volumen, sino a la mejor calidad general, que incluye la consistencia, el buen manejo del vibrato, la uniformidad del color… Una cantidad de aspectos que explican por qué para apreciar una buena técnica se requiere conocimiento.
El hecho de lograr todo eso con el menor esfuerzo posible también permite que un cantante pueda dar un concierto de dos horas sin acabar ronco, por lo que una vez dominadas las piezas desde el punto de vista técnico, es mucho más fácil concentrarse en la interpretación.
Pero la técnica también tiene que ver con entender la idea del compositor para que el cantante pueda llevar el mensaje de la manera más correcta posible a través del canto, lo que sin duda se mezcla con la interpretación. Esto implica conocer la partitura, sus dinámicas, sus elementos rítmicos… ¡sus silencios!
Recuerdo a Ramón Calzadilla, barítono cubano, maestro de canto, como un gran estudioso del tema. Para él no solo eran importantes las palabras, sino entender por qué el compositor prefirió una secuencia de corchea con puntillo y semicorchea para decir una frase, en lugar de usar solo corcheas; o por qué una frase está escrita en una escala descendente; o por qué hay un crescendo o un decrescendo; o por qué… Calzadilla le encontraba el significado al elemento más simple que pudiera encontrarse en una partitura.
En alguna ocasión escuché a un reconocido tenor colombiano criticar a Calzadilla, porque –palabras más, palabras menos– qué cantante iba a estar pendiente del efecto que causaba la secuencia de corcheas con puntillo y semicorcheas mientras cantaba en el escenario. Apreciado amigo, es que esas cosas no se improvisan en el escenario, sino que se aprenden y se interiorizan mientras se monta y se ensaya la pieza o la obra completa. Y ya interiorizadas se interpretan en el escenario. Ignorarlas sería tanto como ignorar el trabajo del compositor para lograr que la música sea el mejor complemento para las palabras, para los sentimientos, o que incluso transmita un mensaje por sí sola.
Hay cantantes que dañan piezas musicales por dar un alarido donde el compositor escribió pianissimo o por meter un agudo que no existe en la partitura donde la intención no requería más que una nota intermedia o grave. Los compositores solían saber lo que hacían, pero tampoco eran infalibles, por lo que seguramente no todos los ‘agudos inventados’ están mal , pero en su mayoría son recursos para satisfacer el ego del cantante que quiere lucirse, antes que aportes sensatos y coherentes al significado de lo que están cantando… a la interpretación.
Interpretar no es fácil
Y si bien hay cantantes que han tenido unas condiciones naturales que les han permitido dominar la técnica sin mucha dificultad (ni siquiera hace falta destacar entre ellos a Luciano Pavarotti), el aprendizaje y dominio de la técnica no son cosa fácil. Pero lo mismo sucede con la interpretación: si bien hay artistas carismáticos a los que simplemente les florecen las emociones, lograr una buena interpretación no es fácil para todo el mundo.
Encontrar ese punto –que no necesariamente es el punto medio, pero que sí tiene un límite– en el que la emoción permite llegar al público sin que la interpretación se vuelva caricaturesca no es una tarea fácil. Y aunque creo que la interpretación está más sujeta a la emoción del momento, tampoco se trata de salir a improvisar.
Y más difícil todavía es transmitir un sentimiento a través de una grabación sonora, en la que no hay expresión corporal o facial que permitan apoyar la interpretación. Mis especiales respetos a quienes logran que la piel se erice a través de una grabación.
Pero, vuelvo al comienzo: el efecto completo lo logra el paquete conformado por interpretación y técnica. Incluso si la emoción le llega más fácil al público en general, una voz bien educada desde el punto de vista técnico siempre será un aporte para lograr una buena interpretación, siempre será agradecida, así la técnica no necesariamente la entienda y la aprecie todo el mundo.